24 de octubre de 2015

Regulación SIN Control

Regulación sin control



Con bombos y platillos se anuncia en estos días, a través de los baños en los centros comerciales, el nacimiento de una nueva entidad gubernamental. Se trata nada más y nada menos que de la agencia de regulación, control y vigilancia sanitaria, otra entidad más, que sin oficio ni beneficio, se sumará al infinito número de entidades que con su accionar, poco a poco, pero de manera segura, irá restringiendo el ámbito de decisiones de los ecuatorianos.

No mi estimado lector, no se trata de una queja más contra el gobierno, que de esas hay miles y estoy seguro nunca cesarán de emerger, mientras los socialistas estén en el poder. Se trata, de discutir por un momento, aunque sea de manera superficial, por qué diablos el gobierno (verde o del color que fuese) tiene que decirnos, cómo dirigirnos, qué hacer, y cómo actuar en cada espacio, léase bien, en cada espacio de nuestra vida.

Reflexionemos sobre esto con un ejemplo

So pretexto de promover el turismo (los motivos siempre suenan geniales y en ocasiones inobjetables), ahora existe cierta entidad que va a encargarse de vigilar que todos los baños de las gasolineras del país estén en perfecto estado, caso contrario, y como en todos los casos, vendrán las sanciones… ¿Pero, qué tendría esto de malo, se me podrá preguntar?  Bien pues, analicemos aquello que sin darnos cuenta está detrás de ésta y cada actuación estatal.

   ¿Existe razón alguna por la que las gasolineras del país tengan la obligación de tener los baños en perfecto estado de limpieza, para nosotros, más allá de por su propio beneficio?

 De hecho, ¿existe razón alguna por la que ellos estén en la obligación de proveernos de un baño a aquellos que siendo sus clientes o no, pasamos por ahí?

   Y si tienen a bien prestarnos el baño, ¿podemos nosotros obligar a los dueños de dichos establecimientos, a que éstos contengan tales o cuales características, so pena de sanciones?

No mis amigos, la respuesta es no.  No poseemos ni nosotros, ni gobierrno alguno, tal derecho.  Ellos colocan los controversiales baños por el simple hecho, de que les conviene, puesto que atrae a potenciales clientes, y adicionalmente, les conviene mantenerlos lo más limpios posible, puesto que en caso contrario, la razón de la existencia de éstos (es decir, atraer clientes) se perdería.

El otro motivo, el no utilitario (en el cual la defensa se desarrolla por sus beneficios), es el moral.  ¿En virtud de que argumento moral, puede usted, obligar a alguien a tener en su negocio, un baño limpio y en buen estado?  Si fuese así de plano, ¿no cree usted que por extensión todos estaríamos obligados en nuestros espacios de vida, ejemplo:  nuestra tienda, o nuestro hogar a tener un baño para un extraño?  

Una vez más, no mis amigos. Tampoco estoy abogando por lugares sucios. Estoy abogando por aquellos espacios, donde sin que nos percatemos, día a día, la libertad se pierde. Siendo lo más irónico que nisiquiera nos demos cuenta, y en ocasiones, se de aquello con el beneplácito de nosotros mismos.

Las razones reales por las cuales, éstos y aquellos nos brindan un mejor servicio, entiéndase bien, no encuentran su razón de ser en las regulaciones, o en las leyes.  Los empresarios nos brindan el mejor servicio posible (con sus restricciones por supuesto) por que les conviene, por que sí lo hacen así, en retorno, nos volveremos sus clientes y habrán ganado nuestra fidelidad.  Caso contrario, con nuestra indiferencia serán desplazados por otros, que sí han sabido encontrar los mecanismos (en este caso baños limpios) para satisfacer las necesidades de clientes cada vez más exigentes y especiales.

Otro de los motivos de esta reflexión, es que a través de la falta de pelea intelectual en estos espacios, es que en cierto sentido y sólo en cierto sentido, vamos perdiendo batalla a batalla, y día tras día nuestra libertad.

La libertad como bien anotaba alguien cuyo nombre no recuerdo, rara vez se pierde de un día para otro, es decir, ésta suele ir desfalleciendo lenta pero gradualmente, por el sendero de las buenas intenciones, hasta que ya no existen voces que puedan defenderla.

De hecho, por exagerado que parezca fue así como los judíos poco a poco fueron llevados de manera gradual pero indefectible hasta los campos de exterminio.

Finalmente, abandono estas líneas, expresando de pasada, que son detalles aparentemente insignificantes como estos, los que han construido el camino, por el cual llegaron los socialistas del siglo XXI, y en lo que a mi concierne voy a darles batalla.

Lo único necesario para que el mal triunfe es que los buenos no hagan nada.

Edmund Burke

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