24 de julio de 2015

Para no fosilizar aún más nuestro SISTEMA EDUCATIVO - Joselo Andrade

En estas líneas encontraremos lo que considero las más importantes reflexiones que deben realizarse sobre el sistema educativo en general, reflexiones que por cierto, pueden ser adoptadas como criterios generales para la reformulación completa del sistema educativo de cualquier país que quiera disruptivamente acoplarse a los cambios que demandan las sociedades.

Este es un artículo que se publicó en la Revista Cámara de Comercio de Guayaquil y que está circulando en la edición de Julio del presente año. Aquí el contenido y el link que nos lleva a su publicación en formato electrónico.



Empecemos por el principio ¿qué nos ofrece un sistema educativo? la respuesta puede parecer muy amplia, y sin embargo, podemos enmarcarla dentro de los siguientes muy definidos y claros tres espacios: Cierto contenido, cierta carga valórica y un cierto modo de transmisión de dichos contenidos y valores.

Echemos un vistazo a cada uno de estos elementos por separado y reflexionemos simultáneamente sobre lo que acontece en nuestros respectivos países:

La primera pregunta que deberíamos plantearnos es ¿cuál debería de ser el contenido de la educación que deberíamos de recibir? la respuesta aún más sencilla es: No lo sabemos, pero sí conocemos algunas de las cosas a las que ese contenido debería de responder. Aquí dichas consideraciones:
  • El mundo ha cambiado, y cambia todos los días, la educación debería de seguir sus pasos.
  • Dicho contenido no puede, ni debe ser diseñado desde un escritorio por un grupo de pseudoexpertos en educación para grandes grupos poblacionales. Las grandes planificaciones no pueden ni aunque lo intenten considerar la multiplicidad de variables, necesidades, habilidades y requerimientos para todos, en todo tiempo y lugar. Las sociedades son diversas, no puede existir una sola respuesta, ni una única solución para tan grande desafío.
  • Debe ser un sistema educativo competitivo y extremadamente diverso, es decir, de instituciones educativas que propongan una multiplicidad de opciones, para una sociedad aún más compleja que las opciones ofertadas.
  • Este sistema descentralizado de educación debería orientarse a solucionar los problemas y demandas del proceso empresarial o social, para que de esa manera encuentre quien lo requiera al final del proceso educativo.
  • Son los padres o los consumidores de dicha educación y los ofertantes de aquella (educadores) quienes deberían a través de un amplio y diverso proceso de “ensayo y error” ir descubriendo cuál es aquel contenido que deberían las instituciones educativas brindar.
En este sentido, lo que conocemos como contenido educativo, debería de ser brindado de la misma manera que se ofrece cualquier otro bien o servicio dentro de la sociedad, a través de un amplio proceso competitivo y diverso que se adapte rápidamente a los requerimientos de sus los participantes.


Centralizarlo y definirlo es exactamente lo contrario de lo que un sistema educativo requiere

La estandarización del proceso educativo en cuanto al contenido es el equivalente a hacer consumir a todos los ciudadanos el mismo tipo de hamburguesa, cuando es en la variedad que se encuentra su magia.

La educación es sinónimo de variedad, de nuevos emprendimientos, de cierta visión empresarial que ilumina a quienes se encuentran inmersos en ella y les permite ir encontrando las respuestas que los educandos requieren. La ciencia y el conocimiento no deben encontrarse limitados al parecer y creencias de un selecto grupo de reformadores, al contenido de un libro de texto, o a lo que conocemos, pues es precisamente lo contrario.

El conocimiento que importa, que mejora nuestras vidas, se encuentra habitando los límites de lo que conocemos, de lo que entendemos ahora como respuestas, no debe encontrarse encorsetado, limitado, definido, o restringido. Lo que hace a los  humanos seres especiales, es su capacidad de encontrar nuevas respuestas, de reflexionar sobre los mismos temas de manera distinta, de gracias a su curiosidad y necesidad de mejorar sus circunstancias hallar continuamente nuevas soluciones.

La educación en pocas palabras, encuentra su desarrollo máximo en un entorno de libertad para elegir, cuál debería de ser el contenido a brindarse.

Los contenidos educativos diversos cabe enfatizar: complementan, enriquecen, profundizan, hacen más amplia la gama de lo que conocemos y con ello más rico al sistema en sí. Dicho una vez más, hacer lo contrario, lo empobrece a niveles escalofriantes.

Sobre la carga valórica

Otro de los grandes temas con respecto a la educación, es ¿qué tipo de valores deberían de promoverse a través de ella? en este caso la respuesta es aún más sencilla, los que ustedes deseen.

No cabe que a mis hijos o a mí se nos eduque a través de valores que no consentimos o deseamos. Los valores que el sistema educativo debería de promover son exactamente aquellos que sus beneficiarios solicitan. Por ejemplo, si yo deseo que mi hijo reciba una educación con una alta carga valórica en “valores cristianos”, en el más grave de los casos, es problema de mi hijo y mío. No cabe, que yo proponga (imponga) con que valores deben ser educados los hijos de los demás. Por ello, una vez más, la mejor manera de proveer de aquella amplia gama de valores existentes, y que responden a la infinidad de pareceres de los miembros de la sociedad, es a través de un sistema diverso, descentralizado, y enteramente heterogéneo, en donde cada uno encuentre “más o menos” lo que necesita o que se ajuste a sus necesidades o creencias.

La uniformidad de la carga valórica, sobre todo dentro de la educación pública es más bien una fuente inagotable de adoctrinamiento, que emana de los valores que el grupo político temporal que se encuentra en el gobierno profesa. Y en el mejor de los casos sólo representa el parecer de un “grupo reducido y difuso” de “beneficiarios”, sin que éste responda de manera precisa y oportuna a los requerimientos y deseos de sus participantes.

Cierto modo de transmisión de dichos contenidos y valores

Si algo debería caracterizar a un sistema educativo es su diversidad, sus múltiples aproximaciones, su posibilidad de considerar la mayor cantidad de enfoques, en fin, la libertad para emprender de manera descentralizada, independiente y dinámica, la tarea de responder a ¿cuál debería de ser el modo, forma o método que se necesita para educar?

Nuevamente la respuesta a nuestra pregunta, es sólo sabemos que mientras más formas de transmitir contenidos y valores existan, más seguros estaremos de que estos serán transmitidos de manera efectiva. Aunque en ocasiones no caben las puntualizaciones, pondremos algunos ejemplos de aquello a lo que nos referimos.

·      Nosotros fuimos educados de una manera distinta, existía una aula de clases con un profesor al frente “dictándola”, en cierto modo somos hijos de una generación “auditiva”, mientras tanto nuestros hijos, han nacido con tablets y smartphones, ellos son visuales, no podemos, ni debemos abordar su proceso de aprendizaje con un “lenguaje” que ellos no van a entender.
·      No existe razón suficiente que justifique para todo tiempo y lugar, por qué niños de diferentes edades no puedan participar del mismo proceso de aprendizaje, si estos, así lo hacen naturalmente al salir “del entorno educativo”, mientras juegan.
·      Las necesidades de los participantes son infinitamente diferentes, por lo que, es natural suponer que unos formas de proporcionar educación se ajusten de mejor manera a ellos, es decir, a unos padres les convendría más aquellos centros educativos que envíen a los chicos a la casa después de almorzar y hacer las tareas, puesto que ellos no están en casa para recibirlos temprano, mientras que a otros, les es mejor, recibirlos a penas se hayan terminado las clases (refiriéndonos sólo a recibir las clases sin lo antes mencionado), puesto que quieren y pueden permanecer más tiempo con sus hijos, dado que pueden hacerlo, o desean participar más activamente en su proceso de aprendizaje.

En lo referente a sistemas educativos, no existen las últimas palabras, ni mágicas e inmutables soluciones, estos deben variar para acoplarse a los cambios de entorno, de tendencia, de requerimientos, en los que necesariamente se encuentran inmersas las sociedades.

En cierta ocasión leí que lo que debería más bien enseñarse en las escuelas son valores tales como la responsabilidad, la honestidad, impulsar la curiosidad en los alumnos, más que la reiterada repetición de nombres y fechas que en muchos casos no tienen sentido. La pregunta que cabe hacernos es ¿y por qué no? ¿quién debería decidir si esto es adecuado o desacertado? y la respuesta mis estimados amigos, pasa por: que lo decidan ellos, los interesados, quienes brindan educación, que ellos lo acuerden.

No somos quienes para escribir en piedra, lo que equivale a fosilizar la educación, de qué manera esta debería de ser brindada, ni siquiera es cierto que debe ser brindada necesariamente en ciertos lugares especiales llamados centros de estudio, bien podrían ser desarrollados desde casa, a través de ordenadores, en medio de aulas virtuales, con métodos tan variables como las formas que tienen los seres humanos para aprender otros idiomas, sea a través de cursos formales y presenciales, como por medio de aplicaciones en nuestros celulares. Restringir la educación, tratar de definir (imponer) el método y forma en que debería de ser brindada la educación que recibimos, debería de ser considerado más bien un crimen de lesa humanidad.

Aunque muchas cosas van quedando en el tintero, es hora de que vayamos terminando estas líneas anotando lo siguiente:

En una sociedad libre y próspera el sistema educativo en cuanto a contenido, valores y método en que estos van a ser transmitidos, son algo que de ninguna manera debe ser diseñado o prefijado desde las altas esferas de algún ministerio oscuro que diga llamarse de educación o planificación, puesto que hacerlo así equivale a su empobrecimiento y destrucción. Pocas cosas son tan dañinas y perversas para un sistema educativo como su estatización y politización.

En fin, si queremos hacer algo realmente disruptivo y grande para nuestros hijos y para nosotros mismos, debemos devolverle a la sociedad civil la responsabilidad del manejo de su sistema educativo, pues sólo en este escenario encontraremos aquello que vale la pena llamarse educación.




Aquí el link a la Revista Cámara de Comercio de Guayaquil

1 comentario :

  1. Es cierto cada centro educativo debería encontrar la calidad adecuada para sus jóvenes alumnos.
    Sin embargo la experiencia en Ecuador a encontrado que la calidad es pesima y cuando los estudiantes salen a EE.UU o Europa pasan momentos difíciles.
    Por otra parte una educación muy planificada no le permite al estudiante muchas veces escoger la carrera que le gusta por que los gobiernos escogen por ellos que estudiar.
    Debe ser un trabajo del ministerio, el colegio o universidad y los padres, para mejorar la educación, sin pensar en una hiperplanificacion

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